domingo, 1 de julio de 2018

SABIDURÍA
DE LOS HIJOS DE LA LUZ
La Meditación Universal Esenia
Carta de los Esenios
 

SÍNTESIS AFIRMATIVA
DE LOS VALORES ESENCIALES DE LA SABIDURIA ESENIA
Y DESARROLLO DE LA AUTOMAESTRÍA
DESDE LA CONSCIENCIA ESENIA





                                                     

La transferencia de la conciencia de una mente a otra se conoce como katra. La plena Verdad revelada permanece siempre presente en la Mente Universal de Dios, pero la inteligencia individualizada de cada hijo de Dios debe establecer contacto con esta Gran Mente e incorporar dentro de su propia conciencia, tanto de toda la Verdad como esté en capacidad de absorber y realizar.
Cada hombre se sumerge dentro de la Fuente del conocimiento con su propia copa de receptividad, y se beneficiará por su capacidad de recibir. Esta es la comunión espiritual. El maestro es aquel cuya copa ha crecido mediante muchos viajes a la Fuente, y da de su rebosante esencia a quienes no son capaces aún de al- canzar el borde cósmico. Incluso en los cursos elementales de educación, el maestro llena primero su concien- cia, y luego amablemente sostiene su cáliz de conocimiento de manera tal que el estudiante pueda saborear sorbitos de su dulzura, enamorarse de su esencia y regresar, otra vez, a la fuente
del maestro hasta que quizá esté entre los pocos que se unirán al maestro en la Fuente Cósmica.
Aquéllos que no beban, nunca serán de valor. Benditos sean los que atizan el hambre espiritual, y bendito los que den de comer al hambriento.

Shalom Ve Sejeda.
Baruj Ata Adonay, Elohenu Melej Haolam.

Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas. Y sucederá que cuando el SEÑOR tu Dios te traiga a la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, una tierra con grandes y espléndidas ciudades que tú no edificaste, y casas llenas de toda buena cosa que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivos que tú no plantaste, y comas y te sacies; entonces ten cuidado, no sea que te olvides del SEÑOR que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. Amen.
-
“Yo os declaro que sobre vuestros corazones edificaré la Hermandad Espiritual del Reino de los Cielos y sobre esta roca espiritual levantaré el Templo de las Realidades Eternas del Reino de mi Padre. Ninguna fuerza prevalecerá contra esta Fraternidad Espiritual.”


Meditación y afirmación metafísica para acceder a la fuente interior del poder y vivir la plenitud de la vida, desarrollando la conciencia y el potencial de los valores universales en la personalidad como un efectivo camino de realización espiritual.

¡Oh, ser que has entrado
en la fuente interior de la sabiduría
y potenciar tu evolución anhelas,
efectúa la afirmación que sigue,
-el primer día de la semana,
mientras te encuentres en terrenal morada-,
en la noche, antes de dormir,
o, en la mañana, al levantarte,
y programa tu existencia
con los valores universales,
-atributos  del Supremo Hacedor-.
sentidos cósmicos que en el eterno presente
guiarte han con seguridad. 
Para niños recién nacidos o en cualquier edad: sería deseable que uno de los padres, por turno, le leyese  la afirmación de Sabiduría de los hijos de la luz, en los días descritos. Los beneficios son incalculables.
Adelante.


Mudra N 3 ENTRANDO EN LA FUENTE INTERIOR



Afirma:
Cada vez que leo Sabiduría de los hijos de la luz, entro, en forma instantánea, en la fuente interior del poder y desarrollo una mejor visión y comprensión de los valores universales del amor, de la sabiduría, de la justicia, de la igualdad, de la compensación, de la fortaleza, de la templanza, de la libertad, de la belleza, de la conciencia cósmica de los principios y leyes que rigen el universo, de todos aquellos de los cuales tengo percepción de su existencia y de los que aún quedan por descubrir, cuya comprensión me permite la practica efectiva de todas las virtudes, aquí y ahora, en el eterno presente. Hecho está. Así es; así sea.

    Ahora, entro en la fuente interior del poder en conexión con el Creador Universal.
    Ahora, estoy ya en la fuente interior del poder en conexión con el Creador Universal con pleno dominio de mí y de todas mis facultades físicas, mentales, emocionales y espirituales, en todos los niveles y dimensiones.
    Guías y protectores espirituales, os pido vuestra asistencia y protección.
o    ¡Oh Creador Universal, guíame, ilumíname,  protéjame y asísteme!
    Permanezco en  el nivel de la fuente interior del poder en conexión con el Creador Universal cada día mejor; ahora, durante cuarenta y cinco minutos,  leo, medito y reflexiono sobre el contenido de Sabiduría de los hijos de la luz; aprehendo el significado profundo de todos los valores, conocimientos, técnicas y aplicaciones prácticas que contiene; los asimilo con facilidad; los recuerdo e interrelaciono con cualquier clase de experiencia con la que tengan vinculación y cada vez que en la vida diaria, presente o futura, requiero en parte o en su totalidad la visión y el saber aquí contenido, instantáneamente surge, en mi mente, la idea precisa que me guía, certeramente, en la solución de cualquier situación y en la toma de decisión que deba realizar. Este conocimiento pasa a formar parte de mi conciencia integral y me permite desarrollar en su más alto grado de expresión todas las cualidades que conforman mi personalidad de acuerdo a los valores universales y  en armonía con todos.
    Cada vez que leo, medito y reflexiono sobre  Sabiduría de los hijos de la luz, desarrollo en mayor grado mi comprensión de su contenido y de los valores universales, -atributos divinos- y perfecciono mejor mi acceso a la fuente interior del poder en conexión con el Creador Universal. Hecho está.


SABIDURÍA DE LOS HIJOS DE LA LUZ

Afirma:
-Estudio las ciencias, las filosofías y las artes y práctico todas las virtudes de acuerdo con los valores universales.
Me preparo para desarrollar, con la máxima efectividad, mi misión en la vida y aprendo cómo alcanzar el supremo objetivo de la existencia humana: la sabiduría y el dominio de las leyes que rigen la naturaleza, a los seres, y sus interrelaciones, para realizar la gran obra universal, y dentro de ella, las metas que me son asignadas por el Orden Cósmico.

A través de la sabiduría y del dominio de las leyes que rigen a los seres en el vasto taller que constituye la naturaleza, ensancho la visión de la conciencia universal y acreciento el sentido direccional de la vida. Utilizo mi mejor instrumento que es la mente, en todos sus niveles y facultades: conscientes, psiconscientes, espirituales y cualquier otra dimensión energética o esfera potencial que le sea inherente y proyecto, en forma creativa e innovadora, de manera segura y efectiva, toda la capacidad de auto-expresión de la cual soy capaz en las realizaciones personales, alcanzando siempre mejores niveles de excelencia.
En primer lugar, en cada etapa, me forjo un objetivo básico en la vida, como una forma efectiva de auto-expresión hacia el cual encauzar toda mi capacidad creativa, constructiva y realizadora.

Conozco la dirección en que he de avanzar y en cuanto tiempo alcanzar la preciada meta, en cada etapa de mi vida.

A través del desarrollo personal constante, me convierto, cada día más y mejor, en un canal de expresión de la sublime sabiduría y luz creadora, en la transmisión de un saber eterno que es, constantemente, fuente donde beben, y lo hacen siempre, todos los seres libres que se alimentan de los frutos eternos de la sabiduría, en acción constante de auto perfeccionamiento en pos de grandes ideales que glorifican a la humanidad, en un mundo de progreso, paz y amor, en la espiral evolutiva, dentro del Círculo y el Signo Más, es decir,  en la Rueda de la Vida.

Siempre ha existido un saber profundo. Los hijos e hijas de la luz somos sus canales de expresión, en armonía con todos, de acuerdo a la voluntad regidora del universo y desde la fuente interior del poder, la luz, el amor y la sabiduría. De las moradas superiores donde los valores universales han sido desarrollados en su más alto grado de expresión, en forma gradual, de acuerdo al propio requerimiento, percibo, automáticamente, todo el conocimiento que preciso para realizar, oportunamente, mi obra de vida, en todas sus fases evolutivas.

Al perfeccionarme en la ciencia, el arte y la filosofía universal, en el desarrollo de la Gran Obra, en mi auto-transmutación, voy tallando y modelando la piedra bruta, hasta convertirla en cúbica, modelo de perfección y autorrealización, con lo cual me constituyo en un canal de la Inteligencia Infinita y de la sabiduría de los atributos divinos.

En estas labores de preparación, llevo a cabo las siguientes prácticas:

1.   Estudio constante
Estudio Constante, de todas las ciencias o ramas del saber humano, con el fin de acrecentar mi visión universal; del pasado, para saber de donde proviene todo lo que se conoce, y profundizar el presente, para ubicarme, adecuadamente, en el desarrollo y ejecución de mi obra, con lo cual proyecto,  con seguridad, la programación de mis metas u objetivos, conociendo la tendencia natural de los ciclos evolutivos a través de las distintas épocas pasadas, presentes y futuras.
Estudio los libros sagrados, la filosofía, los clásicos, la historia y los ensayos de los grandes pensadores de todos los tiempos y países. Efectúo una síntesis del saber universal, adecuando, en forma práctica y efectiva, a los fines del espíritu de los tiempos, el conocimiento que, con mi estudio y dedicación, asimilo.

2.   El poder del amor
Potencio en mí el amor como  valor universal y virtud y expreso, en mi ser y en todas mis actuaciones, la sabiduría y comprensión de las Leyes Cósmicas, el poder y la luz, la vida y la energía abundante y perdurable, la voluntad divina y la persistencia, la visión y la conciencia cósmica, cada vez en un mayor nivel  de manifestación, en cualquier plano existencial en que actúo.
Siento un profundo amor hacia todos los seres y expresiones de vida y, por mí, con lo cual manifiesto el sublime amor hacia el Creador Universal.
Para cumplir con los propósitos de la creación, según los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo, la Gran Ley Síntesis, el Amor, dispone de leyes ejecutoras cuyos valores universales conforman los sentidos cósmicos o direccionales del universo y de todos los seres o manifestaciones de vida.
Cada día conozco más y utilizo mejor los sentidos direccionales  conformados por los valores de las leyes universales, cuyo ejercicio constituye la práctica de todas las virtudes. Con la aplicación del poder del amor, que se manifiesta en mí a través del sentimiento, desarrollo, optimizando, el sentido de la sabiduría y de la prudencia.


3.   La Justicia universal
El valor de la justicia está simbolizado por la balanza donde se pesan los hechos y los resultados que los mismos arrojan y el fiel indica la suma existencial cuya carga magnética me ubica, instantáneamente, en el lugar que me corresponde, en el esquema cósmico. Comprendo a fondo el valor de la justicia en todas las variantes posibles en la infinita escala evolutiva y su interrelación con los demás valores universales; su manifestación es veraz, objetiva, y aún en su mayor rigor, una expresión del amor, conformando, en los seres, el sentido de la medida, el cual indica dirección y expresa cuantificación.
Permito que la ley de la justicia mantenga estable el equilibrio cósmico en mi actual ciclo existencial. Sus principios, y el de los valores interrelacionados, rigen mi conducta en el cumplimiento de mi misión cósmica. Desarrollo el sentido de la medida y la conciencia de mis deberes, necesidades y derechos. Cumplo mis compromisos y permito que los demás los cumplan conmigo, precisando, siempre, los términos de las obligaciones recíprocas, en cada transacción, para un perfecto cumplimiento. Respeto el derecho ajeno en todas sus formas y manifestaciones. La balanza de la justicia guía todas mis decisiones y acciones.

4.   El poder del orden
El valor universal del orden es regido por la ley de afinidad, de acuerdo al veredicto dictado por la ley de la justicia, en base a cuyo resultado ubica o reubica, a los seres y cosas, por su suma existencial, grado de afinidad, simpatía o similitud, conformando un sistema y orden armónico, coherente y equilibrado, en coexistencia unida, como los eslabones de una cadena, donde, de conformidad al grado evolutivo, cada quien rige en el grado inferior y a su vez le rige el superior en el cumplimiento de la propia misión cósmica.
Busco y encuentro el orden cósmico que, de acuerdo al total de la suma existencial de mi vida y a los Planes del Gran Arquitecto del Universo, en cada época, me corresponde, en el Quehacer Universal, el cual acepto y optimizo en pro de mi crecimiento espiritual.
En correspondencia con la Ley de Afinidad, desarrollo mi sentido del orden y me ubico, constantemente, en el lugar y tareas que mejor aprovechen mi potencial espiritual. Así es. Así sea.

5.   La ley de la igualdad
Comprendo el valor universal de la igualdad y desarrollo, suficientemente, mi sentido de la equidad, frente a la vida, al esquema cósmico y a la obra por realizar en el quehacer universal, en cada esfera mental o grado evolutivo.
La ley de la igualdad permite que yo tenga iguales oportunidades que todos, en cada fase evolutiva, por lo cual, puedo tomar cada cosa, o, realizarla, siempre y cuando pague el precio correspondiente, en dinero, esfuerzo, estudio, trabajo, dedicación, etcétera. De igual manera, la ley de la igualdad se manifiesta, equitativamente, en el cumplimiento de los deberes y goce de los derechos, recibiendo, en cada caso, la justa compensación de acuerdo a los resultados obtenidos en el quehacer cósmico.
Sé que todo ser humano tiene el mismo derecho de evolucionar y convertirse, cada día más y mejor, en un canal supremo de sabiduría. A pesar de las eventuales diferencias sociales, culturales, etcétera, tengo un profundo respeto, y amor, hacia todo ser humano, -y expresión de vida-, por cuanto, al igual que yo, es depositario de la sublime chispa divina del Gran Arquitecto del Universo, y todo ser, en un momento dado, ocupa un lugar y función en el orden universal, que debo respetar, aceptándolo.

6.   El poder del servicio y la Ley de  compensación
Tengo la percepción clara y completa de la importancia del valor universal del servicio, en cuya práctica me ejercito, cada día, como un poderoso canal del bien y del progreso, con lo cual, aún cuando lo hago en forma desinteresada, pongo a trabajar, en mi favor, la grandiosa ley de  compensación, conquistando la solidez espiritual y material que requiero para el desarrollo de mi aporte en la Gran Obra.
Cada día asimilo mejor el valor universal de la ley de compensación, afirmándolo en mi personalidad, y optimizo mi sentido de la reciprocidad en todas las cosas.
Entro en la fuente interior del poder, planteándome:
-¿Cómo puedo cooperar más útilmente con los planes cósmicos?
-¿De qué manera puedo interpretar los valores universales contenidos en las leyes cósmicas y cumplirlas en mi misión en la vida, como práctica de todas las virtudes?
-¿Cómo puedo desarrollar más efectivamente mi visión espiritual y el sentido direccional de la vida?
La visión interior –por medio de la intuición y la inspiración- me proporciona la respuesta respectiva, oportunamente.

7.   El poder de la libertad
La percepción del valor universal de la libertad me faculta con el sublime atributo de ser libre de descifrar los arcanos cósmicos hasta donde mi evolución alcance, cada vez en un mejor nivel. Soy independiente y me mantengo en armonía y cooperación cósmica.
Con libertad, respetando las leyes naturales, las de mi país y amante de la Patria, realizo las concepciones, -percibidas por mi mente-, que debo llevar a cabo.
Ejerzo mi capacidad de libertad para el bien supremo, de acuerdo a la correcta visión de las cosas, usando, adecuadamente, el poder creativo, cumpliendo mis deberes y satisfaciendo mis necesidades plenamente.
Cada día desarrollo más y mejor el sentido de la aceptación o libre albedrío, en todas mis actuaciones.
He recibido –y aceptado, del Creador Universal, la investidura del poder de la elección y ejerzo las funciones de su ejercicio con la visión de la sabiduría de los valores universales inherentes en cada caso.
Tengo la facultad de solicitar a la vida lo que requiero en el desarrollo de mi obra, de acuerdo al esquema cósmico; empero, ésta, sin yo solicitarlo, siempre me provee con tiempo de los recursos necesarios en cada etapa de su realización. Cada vez que me encuentro con la preparación suficiente, la vida me presenta la nueva oportunidad, casi siempre como situaciones por resolver, las cuales asumo con firme decisión, aprovechándolas como medio efectivo de crecimiento personal y espiritual.
En cada acto de elección, el poder creativo de mi mente psiconsciente actúa decretando los resultados adecuados que deben plasmarse y, siempre, oportunamente, se expresan de la mejor manera posible.
Cada día desarrollo mis habilidades para decidir acertadamente, eligiendo los cursos de acciones que mejor aporten el mayor grado de certidumbre en cuanto a los resultados apetecidos y al más bajo costo de oportunidad.

En cada decisión, sigo los siguientes pasos:
I.   Defino el objetivo por realizar, por escrito.
II.  Analizo el objetivo y lo divido en sus unidades de realizaciones parciales en estricto orden prioritario.
III. Busco, creativamente, todas las alternativas factibles de aportar  soluciones.
IV. Evalúo cada una y elijo la mejor.
V.   Con cada elección, tomo la decisión respectiva y emprendo con expectativa positiva la acción correspondiente, en grado suficiente, hasta alcanzar los resultados esperados, con voluntad decidida y plena confianza en mí, en las leyes y principios universales y en la vida.
VI. Cada vez que decido, entro, instantáneamente, en la fuente interior de poder de mi mente psiconsciente, activando mi visión cósmica en grado suficiente y alcanzo la conciencia clara del curso de acción que debo elegir, optimizando mi poder de elección.
VII. Con cada decisión adoptada genero, oportunamente, el poder creativo, en grado acorde a la magnitud de la tarea por realizar, en calidad y cantidad, de acuerdo con la ley de la libertad cósmica.
VIII.    Mi determinación, asunción del logro, voluntad tenaz y constancia, imantan los resultados necesarios y adecuados, en cada caso, siempre a tiempo.

8.   El poder de la fortaleza
Cultivo la fortaleza como valor universal y virtud fundamental que permite canalizar, en mi personalidad, este atributo divino, percibiendo, en primer lugar, el potencial de poder con que he sido dotado por el Creador Universal, para afrontar con confianza la tarea evolutiva, en el espacio y tiempo; consciente de que por medio de la fortaleza es el poder creativo del universo el que estoy usando en la proporción equivalente a mi estado de conciencia; en primer lugar, desarrollo mi compresión de todos los valores universales de manera que, en el ejercicio y aplicación de esta virtud, lo haga con la guía de la prudencia, la sabiduría, la justicia, la compensación, la igualdad, la templanza, la serenidad, el autodominio, el ánimo contento, la dulzura, la generosidad y el amor; de esta manera, utilizo siempre la fuerza necesaria dentro de los justos límites de la equidad, el respeto, la cortesía, el equilibrio y el bien común. Con el ejercicio de la fortaleza, en todas sus variantes, como confianza, valor, coraje, alegría, paciencia, tenacidad, constancia, resistencia, austeridad, comprensión, salud, etcétera, soy siempre fuerte en el amor, en la justicia,  en la verdad, en el logro de todas mis metas  y en la superación satisfactoria de todas las pruebas existenciales.

9. El poder de la templanza
El rasgo que denota la máxima maestría frente a la vida es la templanza, valor universal cuyo ejercicio como virtud permite la realización de todas las cosas dentro del perfecto y justo límite del equilibrio total, con lo cual, expreso en mí, el autodominio, la calma imperturbable, la serenidad, la impasibilidad, la moderación, la humildad, la estabilidad, el ánimo tranquilo, el silencio creativo y la conciencia en paz.
 Aplico la templanza en el ejercicio del amor, de la justicia, de la fortaleza y en todos los actos de mi vida, como en el hablar, en el comer, en el beber, en el trabajo, en la recreación y en la abundancia.

10. El perfecto equilibrio de la belleza
Percibo que la belleza, como valor universal, expresa la perfecta armonía y orden de todos los elementos que intervienen en la realización de una obra, en el desarrollo de las cualidades que ornamentan la personalidad y en la estética personal y social en general.
La belleza refleja el perfecto equilibrio universal y, silenciosamente, expresa su veredicto como valor paralelo a la justicia; ésta sopesa los hechos y el fiel índica la suma existencial; aquella, lo hace mediante la estética; lo externo índica la composición armónica interna.
La belleza es la justicia estética, por lo cual, al cultivarla en elevado grado, todas mis obras expresan la excelencia de su valor universal, cada día mejor.
Perfecciono la belleza como virtud en el amor, en la sabiduría, en la fortaleza, en la templanza, en la conservación de mi cuerpo como templo divino, en el hablar, en el conducirme por la vida, en el vestir, en los hábitos y costumbres y en todo aquello en que, la sublime cualidad, pueda manifestar en mí, o en mis actos, la jerarquía de la luz espiritual de la que soy cada día mejor instrumento de expresión.

11. El poder del perdón
Percibo que, en el camino de la vida, todos estamos en un aprendizaje constante y que la misma vida es la gran pedagoga, la que, actuando por medio de la conciencia del ser, le hace percibir de lo que es correcto de acuerdo a los valores universales y de cuáles deben ser las acciones correctas en correspondencia con la práctica ideal de todas las virtudes; es la misma vida la que conduce, a cada persona, a efectuar las correcciones pertinentes a cada situación y caso; por lo cual, en toda acción, cada vez que perciba que alguien lleve a cabo algún tipo de conducta que en relación con mi persona la estime inadecuada, empleo el ejercicio del perdón, como valor universal, con la finalidad de que el mecanismo de la justicia divina, y de la vida en general, se haga cargo de la situación, efectuando las respectivas compensaciones, correcciones y restablecimiento de la armonía y orden respectivos.

12. Conciencia de todo
El resultado de cada una de mis acciones y realizaciones, dado por la balanza de la ley de la justicia y demás leyes ejecutoras del amor, se manifiesta en mí como clara conciencia del orden cósmico que me corresponde, el cual acepto y, al que debo aspirar, acto seguido.
Comprendo que la posición alcanzada, en el orden cósmico, genera la necesidad, el deber, y el derecho, de pasar a la siguiente, en escala de evolución ascendente. Tengo conciencia de donde vengo, donde estoy y hacia donde voy.
Optimizo mi sentido de responsabilidad; tengo clara conciencia de mis deberes y necesidades, así como de la forma correcta de satisfacer estas últimas, y, de que soy responsable de ejecutar las tareas de las cuales tengo conciencia que deben ser realizadas y, que, una vez llevadas a cabo, implican una compensación equivalente para mi, aprovechando, en cada caso, la oportunidad que la vida me brinda como medio de autorrealización.
La conciencia es el asiento del Creador Universal dentro de mi espíritu, por medio de la cual Él se comunica conmigo usando el lenguaje de los sentimientos equivalentes a cada uno de los valores universales, cuya expresión percibo como conciencia intuitiva que me permite conocer el veredicto de la ley cósmica como señal de alerta en todas mis intenciones y como sentencia en los  actos ejecutados. A través de la conciencia Él ejecuta su rol de Pedagogo Universal.
Igualmente, puedo comunicarme a cada instante con Él, si lo deseo, usando el lenguaje de los sentimientos del amor, de la gratitud, de la admiración y cualesquiera otros equivalentes con los valores universales, así como por el pensamiento, en forma directa y sin intermediarios, como un hijo o hija con su padre o madre, cuya conciencia de la unión perfecta e indisoluble que formo con él se fortaleza cada día más y mejor.
La conciencia intuitiva me transfiere, también, todas las informaciones que mi espíritu percibe por intermedio de la proyección espiritual en el espacio y tiempo, a través de cada una de las facultades espirituales que les son inherentes, las cuales son transferidas a la conciencia objetiva como percepciones intuitivas o inspiraciones por la comunicación del pensamiento dentro del pensamiento, de entes afines o guías y protectores espirituales.
Cada día más y mejor, tengo conciencia y comprensión de todo, en todos los niveles y esferas mentales del Universo, de acuerdo a mi grado de progreso.

13. El poder de la tolerancia
Desarrollo toda acción dentro de los límites de la tolerancia que cada situación permite, conservando el perfecto equilibrio y la armonía con todos y, en todo.
Construyo, estimulo, creo, ayudo, tolero. Jamás critico ni me expreso negativamente de ningún ser humano. Estoy consciente del poder creativo y positivo que existe en los seres, y, en silencio, privadamente, aliento, -y estimulo- a quien lo requiera.
Conozco las fortalezas humanas, por lo cual soy exigente conmigo pero tolerante con los demás, porque sé que el mejor medio que dispongo para ayudar a perfeccionar a la humanidad, es el de auto-perfeccionarme.

14. El poder de la disciplina personal
Soy un Espíritu cada vez más sabio y lúcido, con un alma armoniosa y equilibrada y un cuerpo perfecto y saludable.
Mi mente y mi cuerpo funcionan perfectamente en todos sus niveles.
Respiro correctamente. Cada órgano y célula mantienen su buen funcionamiento y capacidad para restablecer el equilibrio energético, constantemente; renovándose, oportunamente.
Cada día aumenta mi conciencia de cuales son los alimentos –y cantidades adecuadas- que debo ingerir para optimizar la máxima performance de mi organismo; mantener una salud robusta y estable y, una efectiva longevidad.
Todas las noches practico la relajación completa, desde los dedos de los pies a la cabeza; lo hago así:  centro la atención en cada parte de mi cuerpo, adquiero conciencia de la misma, la relajo bien, percibo una sensación de calor, siento el fluir de la energía y visualizo un halo luminoso que emana de la respectiva área y, en cada órgano que deseo fortalecer, hago una inspiración contando seis y retengo el aire –pulmones llenos- contando veinticuatro, visualizándolo, al mismo tiempo, en perfecto funcionamiento. Al terminar, visualizo escenas de calma y armonía de la naturaleza. Duermo y reposo profundamente, recuperando la energía vital suficiente.
Cada mañana practico el ejercicio adecuado y realizo diez respiraciones profundas, reteniendo el aire, durante 24 segundos, cada vez.
Aquí y ahora, se establece, en mí, la salud perfecta. Mi mente psiconsciente mantiene, permanentemente, la optima salud, normalizando, automáticamente, todo lo que sea requerido, conservando en el mejor nivel mi equilibrio vital,  vigor, energía, fortaleza física, mental, emocional y espiritual y juventud ideal.
Controlo las imágenes mentales y la canalización adecuada de mi potencial creativo. Mantengo la salud anímica a través del cultivo de las emociones positivas, inspiradas por elevados sentimientos de amor, justicia, bondad, fortaleza, fe, autodominio, serenidad, perdón, paz, tolerancia, prudencia y equilibrio.
Potencio la lucidez de mi espíritu; mantengo perfecta sintonía con las fuerzas cósmicas adecuadas y acoplo mi acción con los planes universales.
Me yergo espiritual, anímica, intelectual y físicamente.
Desarrollo mi capacidad de trabajo, incrementando, cada día más y mejor, la productividad y resultados económicos de mi actividad profesional, cuyo uso optimizo.
Actúo con auto-confianza, valor, prudencia, templanza, ánimo contento, comprensión, autodominio, serenidad, perseverancia, decisión firme, humildad, paciencia y conciencia de lo justo. Guío a mi familia con afecto y dignidad, propiciando su máximo bienestar y desarrollo, constantemente.
Alcanzo el equilibrio perfecto entre estudio, trabajo y descanso.
Me comunico excelentemente. Escucho con empatía. Armonizo mi vida con el Creador Universal y desarrollo mi capacidad para tratar con las personas y todas formas de expresión de vida, con el fin de participar efectivamente en la Gran Obra de la evolución cósmica.

15. Claves  de las grandes realizaciones
Conozco y aplico las claves que permiten las grandes realizaciones, por lo cual:
I.   Llamo y me abren: todas las puertas que deben ser abiertas y la cosmogonía.
II.  Doy y recibo: el amor y la totalidad de lo que corresponda en cada etapa, en el eterno presente.
III. Amo y descubro: la sabiduría.
IV. Busco y encuentro: la verdad universal, en la espiral evolutiva de la Rueda de la Vida, en la eterna polarización del Signo Más, en el eterno presente.
V.   Pregunto, a mi mente psiconsciente en conexión divina, tres veces, en la fuente interior del poder y obtengo: la respuesta a todas las preguntas y la comprensión y luz espiritual, en cada caso, oportunamente.
VI. Pido y la vida me concede: la oportunidad de cooperar en la realización de la gran obra de acuerdo con los planes cósmicos y a mi propia capacidad de asunción de objetivos.
VII. Percibo mi lugar en la vida y tomo: posesión del mismo, por medio del servicio.
VIII.    Trabajo con efectividad y capitalizo: la compensación y el respectivo salario cósmico.
IX. Estudio los valores universales y amplifico: mi visión cósmica.
X.   Perdono y logro: la auto-liberación y por la acción de la ley divina, la respectiva compensación cósmica.
XI. Practico y adquiero, gradualmente: la experiencia y la auto-maestría en el ejercicio de todas las virtudes.
XII.     Actúo y tengo: el poder para hacerlo.
XIII.    Persisto y llego: a la meta.
XIV.     Visualizo los resultados finales realizados y abro: el camino interior para su logro.
XV. Aplico mi voluntad en cooperación con los designios supremos y alcanzo: la armonía cósmica.
XVI.     Apunto a un objetivo a la vez y: uno a uno, los realizo todos, oportunamente.
XVII.    Comprendo la ley de la provisión divina y acepto: la abundancia que me está asignada, periódicamente, administrándola cada día mejor.
XVIII.   Aquí y ahora se establece el orden divino de acuerdo a los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo. Hecho está.

16.   El poder de los hijos de la luz
En mi avance por la existencia humana, en el eterno presente, aplico las cuatro claves o símbolos de la Esfinge, las cuales son: 1) La cabeza humana de la Esfinge, como símbolo del saber que otorga la visión existencial y del universo; las alas de águila, en representación del querer  y de la voluntad indispensables para emprender toda acción para ascender en la espiral evolutiva;  sus patas y pecho de león, que otorgan la fortaleza para osar en descifrar los arcanos universales y realizar la propia cuota de servicio en la Gran Obra; y, la parte posterior e inferior de toro como expresión máxima del poder, que solo en el callar es posible alcanzar.
SABER
A través del saber, tengo conciencia, en todo momento, de la dirección correcta a seguir y de lo que conviene hacer. Tengo claro, en la mente, el objetivo básico de la vida, y, concentro toda mi fuerza creativa para alcanzarlo con éxito. En su realización, sé:
QUERER
Soy un canal del poder supremo y creativo del universo y lo aplico para realizar tanto mis propios objetivos como para ayudar, a través del servicio, a mis semejantes, a la Patria y a los hijos e hijas de la luz, de quienes, con sano orgullo y amor, formo parte.
La clave superior para aplicar, creativa y efectivamente, dicho poder, consiste en querer intensamente realizar el objetivo o proyecto concebido y visualizado en la pantalla mental.
Aprendiendo, cada vez en un mejor nivel, y usando el arte y el  poder de querer, puedo:
OSAR
A dar el primer paso, emprendiendo la acción decidida, firme y perseverante, en el espacio y en el tiempo suficiente, que ha de conducirme a la anhelada meta.
Afrontando la realidad con serena confianza, calma imperturbable y expectativa positiva;  mostrándome impasible frente a lo desconocido y al enigma que, periódicamente, me toca descifrar.
Sigo siempre adelante, aplicando mi conocimiento, prudencia, sentido de la justicia, fortaleza, templanza y creatividad frente a toda situación y efectúo la realización  de la gran obra, que, en cada etapa,  me compete en los planes cósmicos, cada vez en un mejor nivel.
Aprendo que, después de saber, querer y osar, como regla máxima y suprema que evidencia mi filiación de la Luz Universal, debo:
CALLAR
Callando, hablan mis obras, virtudes, poder y sabiduría, con humildad, dulzura, armonía, serenidad, paz, gratitud y amor, porque, recuerdo siempre que, en silencio germina toda semilla en el seno de la tierra y realiza su obra la Naturaleza.
¡Que el Creador Universal proteja, ilumine y guíe a los hijos e hijas de la luz y a toda la humanidad, en el cumplimiento de su misión cósmica y en la perfecta expresión de la vida, de la luz, del amor, de la sabiduría, del orden, de la  armonía, de la justicia, de la fortaleza, de la templanza, del equilibrio, del progreso y de la Paz Universal, aquí y ahora. Hecho está.



Adelante.
    Ahora, que he leído y meditado Sabiduría de los hijos de la Luz, conservo en mi archivo espiritual, a nivel objetivo y subjetivo, la totalidad de su contenido y, en conexión con la Inteligencia Infinita del Universo, cada día percibo mejor la amplitud y profundidad de cada uno de los valores universales aquí reseñados y de otros que les son inherentes, cuyo uso y aplicación efectúo en la realización de mi obra y en el perfeccionamiento de mi ser, adquiriendo más elevados estados de conciencia y niveles de percepción y comprensión, en la espiral evolutiva de la Rueda de la Vida y en el cumplimento de mi verdadera misión cósmica.
    Cada vez que requiero cualquier clase de conocimiento aquí reseñado u otro de cualquier índole, instantáneamente entro en el nivel psiconsciente de mi mente, en la fuente interior del poder, en conexión divina con la Inteligencia Infinita del Universo y percibo, intuitivamente, la idea precisa o conocimiento que requiero, oportunamente. Hecho está.
Con cada lectura y meditación de Sabiduría de los hijos de la Luz, desarrollo mi personalidad en perfecta correspondencia con todos los valores universales y virtudes inherentes, con facilidad y naturalidad.
Hecho está.

-Salve, oh, hijo, o hija, de la luz;
haz tu obra con amor,
y, contribuye efectivamente
en la evolución cósmica
y sus tareas inherentes
por realizar!
¡Déjate guiar por la luz
y la sabiduría divinas!
¡Busca tu orden cósmico
en el quehacer universal
y encuentra tu misión en la vida!
¡Ten prudencia, sabiduría,
confianza, valor,  fortaleza,
templanza, calma imperturbable y serenidad;
ciñe todos tus actos a la justicia.
¡Que en tu faz se refleje la belleza del amor;
la armonía del equilibrio
y del perfecto orden.
La paz de la conciencia tranquila
te permita apacibles sueños.
¡Cumple tu misión cósmica,
y todo lo demás te será dado por añadidura!
¡Actúa como si,  ya, hubieses alcanzado,
el objetivo programado,
y percibe como profundas fuerzas interiores
emergen impulsándote hacia tu universal meta!
Que así sea




Namaste






El Jardinero - Julian García-Reyes (Cuento Espiritual)

Oración del Humano Divino

Ashra Fundamental



El Espíritu Santo, como la suprema sustancia de la alquimia Esenia, toma nuestra carne impura y hace de ella el Corpus Cristi 




Los Tres Senderos y la Llave Maestra
El camino del Dharma
El camino del amor
El camino de la sabiduría

La Llave Maestra: La Vacuidad. - Desyoización. Individualidad - Unidad.

El Plan Divino y la energía de Primer Rayo
La energía de Primer Rayo en relación a su Propósito, Poder y Voluntad.
La Negatividad en relación a la comprensión del Plan y el Propósito subyacente. La Ley de Causa y Efecto.

Meditación y Reflexión: Muchos han pretendido controlar la Energía Universal sin lograrlo jamás. Da la impresión que este propósito esta unido a la energía del Demiurgo. Otros en cambio, han permitido que la Energía Universal actúe a través de ellos como los ángeles, por ejemplo. Es una relación exclusivamente de confianza sin soberbia.

Las características de la personalidad infundida por el Alma son básicamente tres tipos de energía puestas a disposición del yo individual o del grupo álmico, para su expresión en los tres mundos del esfuerzo humano. Estas energías en su estado libre son los potenciales del Plan Divino y en expresión son la manifestación de ese Plan en la vida e intereses de la humanidad.

La manifestación perfecta del Plan es obviamente el resultado de la apropiación de un potencial de energía Divina y su dirección hacia la apariencia de acuerdo a su intención o herencia Divina. Apropiarse de la energía por cualquier otra razón que no sea el amor puro, es un acto del hijo prodigo y conlleva retribución kármica, por así decirlo, por parte del mismo Plan.

El Plan Divino está siempre en manifestación, sin importar las apariencias externas. La manifestación puede estar en camino o ser ya perfecta, pero está siempre ahí, moviéndose tras las apariencias para restaurar el orden en el caos; trabajando a través de la apariencia hacia la Luz del Día. La no paz, la ignorancia, el karma y las leyes universales, por ejemplo, es el Plan Divino, en un devenir, porque ha de enseñar eventualmente al hombre el error de su caos interno, mientras que la unidad del mundo y la paz serían el Plan Divino en una fase de perfecta expresión. Sin embargo el Katra Cristico ya es una realidad en nosotros: Mi paz os dejo mi paz os doy. Automaestría, auto observación de la consciencia superior de las zonas sombra, para, meditando en silencio en ellas, transmutarlas en la luz, herencia divina.

La Energía Divina opera entonces de acuerdo a sus propias leyes, que son invocadas desde el momento en que se mueve del potencial a la expresión real. Cada energía está impresa con una Intención Divina, que cuando es egoicamente alterada, da por resultado la manifestación de un efecto negativo en la vida de un ser no consciente, lo que eventualmente le despertará a la necesidad de aprender el correcto uso de la energía espiritual. Esta fase del proceso evolutivo lo llamamos el sendero de la experiencia, porque procede mediante métodos de ensayo y error, con escaso esfuerzo consciente realizado hacia el desarrollo Espiritual.

La consciencia ascendida infundida por el Alma intenta sublimar el yo encarnacional de energía divina y dirigirle a la manifestación de su plan álmico de encarnación de acuerdo a su Intención Divina. Esta actividad la definimos como Servicio al Plan, y quienes están implicados en esta actividad se definen como discípulos ascendidos, cuyo ser esta por sobre las leyes de la manifestación y perciben ya las dinámicas universales, creando correspondencia y sincronía con el todo manifestado desde la pureza de su corazón y la manifestación consciente de la llama trina.
Existen muchas etapas de discipulado, desde el Discípulo Consciente hasta, y más allá, del discípulo ascendido trabajando en uno u otro de los ashrams Jerárquicos. El sendero de iniciación es realmente el sendero del discipulado que finalmente conduce al Cristo Trascendente.

Por favor, mantén los conceptos anteriores en mente a medida que procedemos con el estudio de las características que constituyen, para el discípulo, el ideal del Alma. A medida que visualices ese ideal con mayor claridad, esos conceptos tendrán un significado real para ti.

Cuando la energía de la Voluntad Divina impacta sobre la conciencia del principiante en el sendero, vemos que se manifiesta en su mente como la Voluntad al Bien. Este es el primer paso mayor que da en su reorientación al Alma. Su pequeña voluntad, que hasta ahora ha estado relacionada con los asuntos de la personalidad separada o individual, se alinea con la Voluntad de Dios a medida que piensa en términos de mejora de la humanidad. Así, el bien de los muchos se convierte en el impulso motivador detrás de toda su actividad naciendo el espíritu avatarico en el centro de su ser. Es llevado por este impulso a expresar buena voluntad hacia sus amigos, familiares y asociados, de manera que la hermandad se convierte para él en un aspecto divino en la naturaleza junto a todos sus reinos, incluyendo al reino angélico.

A medida que visualiza el ideal, ese ideal comienza a incluir el correcto uso de la energía de Voluntad. Comienza a pensar términos de los tres componentes del primer aspecto de la Deidad: 

1. Propósito
2. Consciencia
3. Voluntad

Su voluntad se deriva entonces del Propósito y Consciencia de Dios. Comienza a vislumbrar un Propósito Divino (Intención) expresándose a través de cada situación que percibe manifestándose a su alrededor. Sabe que la presencia de Dios para manifestar lo bueno, lo verdadero y lo hermoso es inherente en ese propósito universal en cada ser, participando conscientemente en el. Se hace a si mismo receptivo a la Intención Divina (“no mi voluntad, Padre, sino la Tuya”) y por medio de su aceptación, invoca la presencia del espíritu de Dios a la manifestación.

De esta manera, el principiante en el sendero se convierte en el discípulo ascendido, y comienza a contribuir con sus energías a las fuerzas de Luz sobre el planeta. Sirve al Propósito divino detrás de toda manifestación.
Esto da por resultado una actitud muy diferente de la del reformador medio en el mundo. Más que intentar eliminar el llamado mal mediante inhibición, el discípulo consciente Invoca y Evoca el Propósito Divino en cualquier forma para manifestar lo bueno, lo verdadero y lo hermoso.

Una situación negativa deja de verse como algo que debe ser eliminado y comienza a percibirse como una oportunidad de transmutación y ascensión de los aspectos mas bajos del alma. Es vista como el resultado de la incorrecta utilización de la energía divina disponible, como ignorancia de la Intención Divina, y como tal se la reconoce como un vehículo de manifestación para el Plan Divino.

El Discípulo Ascendido materializa el Plan (ayuda a su manifestación), lo trae a la vida, lo manifiesta subiendo a su Devachan, y luego descendiendo a la materia y por ende el plano físico lo manifiesta en la Consciencialidad Terrestre (los tres reinos) reconociendo, al alma, su existencia en la forma, y evocando su apariencia bajo la Luz del Día.

El discípulo entonces contempla la enfermedad, el hambre, el egoísmo, el caos interior, el sufrimiento y cada acto negativo, como experiencias necesarias a través de las cuales va conociendo que la Voluntad de Dios se hace conocer a si misma. ¿De que otra manera puede llegar a conocer el hombre o el mundo de los hombres el Propósito Mayor?

Los males de los cuerpos se convierten en factores secundarios, importantes solo en el desenvolvimiento de los males de la conciencia corporal. El cuerpo no puede, no debe, ser curado para ocultar una conciencia emergente y Espiritualmente ignorante. En tales casos, la enfermedad va hacia al interior para surgir más tarde con mayor violencia y dolor. Tal erupción puede retrasarse por toda una encarnación, solo para traer de vuelta al Alma de nuevo a un vehículo inválido e invadido por el dolor para el que no existe cura conocida en la materia, cura que solo puede realizar el alma, al reintegrarse el yo encarnacional a la vida álmica.

¿Cómo podemos ser entonces ser Maestros de servicio en un mundo en el que el dolor prevalece de forma tan característica? ¿Cómo pueden la salud, la paz y la buena voluntad hacerse manifiestas en la vida y asuntos de la humanidad desde la consciencia esenia?
La respuesta no es tan difícil ni está tan escondida como podría parecer. Solo resta para los Discípulo Conscientes en el mundo convertirse en discípulos ascendidos, lograr esas actitudes que en su suma total constituyen el discipulado de ascensión divina.
Nos gusta pensar de nuestro Dios como un Padre amable y benevolente, pero no reconocemos aún la Sabiduría de sus caminos.

Si un hombre está enfermo, si el mundo está en guerra, reconozcamos un Propósito Divino detrás de esa condición. Que todo tiene un porque y un para que se nos ira revelando a nuestros ojos conscienciales. Aceptemos la enfermedad y el dolor como vehículos a través de los que a la conciencia implicada se le presenta una oportunidad de crecimiento Espiritual. Sirvamos haciéndonos receptivos a la Voluntad de Dios, al Propósito Divino en cualquier ocasión, evocándolas dentro del acontecimiento para crecer y florecer como una flor de Verdad. La belleza y fragancia de la flor disipará la enfermedad y las relaciones erróneas que se manifiestan entre hermanos.

En este punto me gustaría presentarles una técnica de servicio que puede ser utilizada por un Discípulo Consciente al discipulado con gran beneficio.
Cuando se te presente una condición de negatividad, tanto en tu propia vida como en la vida de tu hermano, lleva acabo la siguiente técnica:

A. Establece tu propio alineamiento con Automaestría y Auto Observación, detectando la consciencia ascendida de tu ser, las zonas inferas de tus yoes inferiores. Dicho trabajo ha de realizar en meditación silenciosa, profunda y honesta, sin justificar ningún acto que no sea del alma, como egoísmo, intolerancia, resentimiento y altanería. Y, como dones esenciales, debes mantenerte contemplando os tres aspectos de la Divinidad: 

1. Tu alma
2. El Cristo
3. El Padre

B. Reconociendo que la condición manifiesta es un resultado de la expresión de la Ley y el Orden Divinos, hazte receptivo al Propósito Divino inherente a esa condición particular.

C. Después de reconocer ese Propósito, sea en detalle o en líneas generales, invócalo, desde cualquier limitación que sea su prisión, a la realidad manifiesta. Séllalo con un signo.
Contémplalo enraizarse en el aspecto conciencia, crecer allí y florecer como Verdad.

D. Luego, y solo luego, contempla la radiación de la Verdad disipando la oscuridad arrojada por la sombra de la ignorancia. Contempla esa Luz radiante emerger de la conciencia y brillar a través de la naturaleza de la forma transmutando como lo hace la forma exterior en un reflexión verdadera de la realidad interior.

E. Pronuncia las palabras:
“Que el Plan Divino manifieste ajuste Divino dentro de esta condición según la Ley y el Orden Divino.”

Entona el OM SHANTI SAT CHIDANANDA.

La Voluntad divina se manifiesta también como perseverancia, que es un valor necesario en la vida de cualquier discípulo. El principiante debe aprender a trabajar sin apreciar siempre resultados inmediatos en el mundo de la forma, y esto es a menudo difícil. El principiante es impaciente motivado desde su mente temporal, queriendo resultados rápidos en el control de las energías (tentación de Belial); ha sentido la visión y captado un poco del Plan Divino para la humanidad. Muy a menudo experimenta un sensación de urgencia, una necesidad de apresurarse. En su intento de manifestar el Plan según lo ha percibido, se encuentra con lo que parece un fracaso, no una, sino muchas veces. A menudo no se da cuenta de que no existe fracaso real, sino que el éxito está un paso más cerca de lo que parece como tal.

En su primer intento de servir, comete muchos errores y al contemplarlos, siente un cierto disgusto por si mismo, una inadecuación para responder a la necesidad de los tiempos. Olvida que durante todo este periodo de aprendizaje está siendo observado y ayudado cuando es posible. Pasará al final de este periodo de probación como un trabajador habilidoso, uno de los discípulos fiables y seguros sobre los que la Jerarquía construye su esperanza para la Humanidad.

Existe otro factor a considerar aquí, y es la ley de causa y efecto. La causa se origina en el mundo interior del pensamiento, y el efecto es la manifestación de ese pensamiento en la forma. Encontramos que cada situación es un efecto de un estado de conciencia, y para cambiar con éxito la situación, debemos trabajar con el aspecto conciencia que es la causa. Por lo tanto, el discípulo trabaja desde arriba hacia abajo. Extiende su conciencia al mundo de la mente y de las emociones así como al mundo de la forma. Ha sentido algo del Plan divino. Entonces trabaja para establecer un estado de conciencia en la esfera mental, una condición en la esfera emocional y actividad inteligente en la física.
Muy a menudo se producirá un periodo de aparente caos manifestándose en el mundo de la forma como resultado de sus esfuerzos, y el principiante a menudo se desalienta. El discípulo sabio se da cuenta de que a menudo el cambio se manifestará justo de esta manera según el karma se precipita y se ajusta. Continúa su trabajo, manteniendo la fuerza en la tranquila seguridad de su Alma de que todo está bien. Persevera hasta que la meta es alcanzada.

Durante la semana usa el siguiente pensamiento-semilla en tu ejercicio de meditación:
“Yo soy receptivo al Propósito, Poder y Voluntad de Dios, según desciende hasta mi desde mi Alma. Yo sirvo a ese Propósito, Acepto su Poder y cumplo la Voluntad de Dios.”

OM SHANTI SATCHIDANANDA.
NAMASTE

EJERCICIOS ESPIRITUALES IGNACIANOS
Cuando hacemos camino espiritual de seguimiento discipular del Alma Cristica, vamos aprendiendo a distinguir qué es lo que Dios mueve, qué es lo que surge de nuestra naturaleza, ordenada y a veces desordenada, qué viene del mal espíritu y qué del espíritu del mundo. Con una actitud de fidelidad adherimos a todo lo primero que es impulso de Dios en nuestro corazón y dejamos de lado todo lo segundo, lo que viene de la fuerza del mal, que impide el proyecto de Dios en nuestras vidas.

Consolación y desolación, los dos grandes movimientos interiores

Una de las primeras consideraciones para quien desea una vida espiritual es saber en qué estado se encuentra. Necesitamos tomar conciencia de nuestra realidad actual si queremos crecer espiritualmente, es decir, como Discípulos Crísticos. Ignacio de Loyola, observador perspicaz del mundo interior, describe en sus Ejercicios Espirituales la desolación y la consolación como los dos estados del alma humana en su itinerario espiritual en la encarnación.

Existen en nosotros dos experiencias muy fuertes en lo más profundo de nuestro ser si vivimos en sintonía con lo que nos ocurre, si no estamos dispersos, si no vivimos hacia fuera. Por un lado se da la consolación, que proviene del Buen Espíritu, por otra parte la desolación que se origina en el mal espíritu.

Ignacio pone primero, ante la desolación, la paciencia. Ni si quiera tener paciencia, sino estar en paciencia, que implica un estado. El desolado siente la ausencia de Dios que aparentemente se nos durmió en la barca o no nos escucha, por lo que estar en paciencia es importante. Después la humildad como arma, la tierra desconocida por el mal espíritu que es sobervio. Cuando frente a las dificultades, las desolaciones o pruebas, nos ponemos en autosufiencientes u orgullosos, entramos en el terreno de la sobervia donde el mal es más fuerte que nosotros.

La humildad se manifiesta en dos gestos. Primero en rezar: el humilde reza, en cambio el soberbio no reza porque supuestamente no necesita nada. Cuando uno está desolado, Ignacio recomienda rezar un poquito más, y “no sólo para resistir sino para vencer”. Uno ofrece esos 5 minutos de más, que parecen eternos, como ofrenda.
San Ignacio describe ambas, pero para la consolación es menos lo que dice. Sólo pone dos consejos para los consolados, indica sin embargo mucho más para los desolados a lo que describe como una oscuridad en el alma, turbación, atracción por cosas bajas y mundanas, inquietud por abundantes y variadas agitaciones y tentaciones que mueven a desconfianza, desesperación y fealdad. El alma se encuentra, cuando uno está desolado, toda floja, toda tibia, como separada de Dios, desolado, es decir, solo, alejado de Dios.

Cualquiera que se reconozca así mismo como una persona frágil, débil, pecadora, el saludable reconocimiento de esta realidad nos hace bien a la hora de darle rostro a nuestra real condición y desde ese lugar buscar en Dios, con paz, la manera de recorrer otros caminos.

Los síntomas de la desolación

El desolado tiende a encerrarse en sí mismo. Le cuesta amar, la caridad se le torna un suplicio, los demás pierden importancia, desaparecen de su corazón, la persona empieza a querer morderse la cola, girar sobre sí misma. Vienen de repente a la memoria odios, rencores, fracasos, tendencias a desvalorizarse, a no sentir el amor de Dios. Llama la atención como en la película El Rito, cómo el diablo, cuando habla en la boca de los que están poseídos por su espíritu, lo que hace es recordarle a los exorcizantes sus pecados del pasado, y trabaja sobre la culpa. Muy lejos está del Buen espíritu refregar sobre nosotros el pecado, no deja de mostrarlo. Pero cuando es el buen espíritu el que muestra el pecado la persona siente una reacción de ascensión de consciencia, el perdón de Dios y el intimo deseo de reparación dentro suyo que le hace salir de sí misma y ser misericordioso. Cuando es del mal espíritu nos viene el remordimiento más que una reacción ascendente de consciencia que nos haga salir de nosotros sino por el contrario, nos agita violentamente en la mente inflar y allí paraliza la emoción al centrarla individualista.

Las manifestaciones del mal espíritu

A las manifestaciones del mal espíritu las podemos clasificar en tres, por un lado duda y aflicción, por otro lado el manejo del tiempo y por último, el mal espíritu caricaturiza la memoria.

Si hay un modo en el que el mal espíritu trabaja y deja su huella en el corazón para apartarnos del camino del Discipulado Cristico es por el camino de la duda, del camino de la aflicción. Es propio del mal espíritu poner falta de paz con tristeza y desánimo, debilitamiento de la fe, esperanza, caridad, tristeza y soledad, dejar al alma toda como acurrucada y arrinconada, amordazada y atada, son como características propias con las que el mal espíritu busca atentar contra la vida de Dios en nosotros.

El mal espíritu además maneja los tiempos interiores. No el del reloj, sino los tiempos de la interioridad. Nos aparta del del tiempo de Dios en el presente, al ritmo en el que Dios conduce la historia. El mal espíritu lleva hacia el pasado tentando por la seducción con los pecados de antes y haciéndonos creer que no se podía vivir sin ellos, que siguen incidiendo en la vida presente, que de ahí nunca vamos a salir y en todo caso si hay un mal que hoy nos habita, tiene mucho que ver con los males que en otro tiempo nos habitaban y que seguimos enredados entre sus redes.

Al mismo tiempo el mal espíritu nos presenta el futuro con desesperanza y con miedo. Una forma de manejar el pasado de interferir sobre la lectura del pasado, es con los escrúpulos que torturan desde un pasado en desorden. Cuando uno ha pecado gravemente en el pasado y en delicadeza busca en el presente ser fiel a Dios y a sus designios, el mal espíritu tiene como este deseo de culpabilizarnos y de acusarnos y entonces escrupulosamente va generando en el corazón la mirada pecaminosa sobre realidades en donde no hay pecado.

Hacia el futuro el mal espíritu nos presenta los futuribles, es decir, nos presenta lo que vendrá diciéndonos que con aquello no podremos, nos presenta fantasmas de las posibilidades, nos presenta el peor escenario en forma hipotética o condicionales: si ocurriera tal cosa yo no podría, qué va a pasar cuando… cuando en realidad no sabemos si va a pasar. Estos futuribles generan un temor que no se puede resolver y por lo tanto mantiene a la persona con mucha angustia sobre esa fantasía o ese fantasma que el mal ha generado en nosotros.

Hemos visto como en el tiempo el mal espíritu tienta hacia el pasado y hacia el futuro cuando en realidad donde se juega la salvación es en el presente. Hoy es el día de la salvación, “hoy es el tiempo propicio” dice la Palabra. El mal espíritu ¿qué hace?, nos saca del aquí y el ahora, de la cotidianeidad, del compromiso simple y sencillo en lo laboral, en lo familiar, en lo apostólico, en la ciudadanía, por lo que nosotros podemos poner  nuestro pequeño y gran granito de arena en el acontecer del hoy con la fidelidad a nuestra agenda discernida en Dios de cómo obrar y de cómo servir. No te apures en el andar que en el hoy se juega tu destino. No le hagas caso a lo que pasó cuando te lo muestren mal ni te preocupes por lo que vendrá que hoy comienza a construirse tu futuro.

Nosotros somos invitados, en el tiempo que corre, a detenernos, para vivirlo según el ritmo de Dios, que ni va rápido ni va lento, va y en su ir marca un ritmo que es constante, que es permanente, que no se detiene, que reconoce el cansancio nuestro y nos invita a reposar en él mientras sigue yendo.

El mal espíritu caricaturiza la memoria

El mal espíritu caricaturiza la memoria haciendo que las cosas aparezcan como enfatizando lo negativo de lo que aconteció y minimizándolo. En un momento de la película El Rito, Anthony Hopkins que es el actor principal y el exorcista adulto, le dice al aprendiz de exorcismo: Atención porque el mal es un farsante, un mentiroso, un embaucador. Está diciendo esto que queremos nosotros recalcar hoy en la denuncia a su modo de actuar. Busca enfatizar lo negativo deformándolo o minimizando lo que está mal también deformándolo. Para esto se vale de la mentira haciendo perder la memoria del corazón.

Cuando uno lee la Palabra, en las tentaciones de Jesús en el desierto uno se da cuenta que el mal espíritu usa la verdad pero la da vuelta, y miente con la verdad, cita la Palabra de Dios el mal espíritu, y en ese citar la Palabra de Dios, con una intencionalidad hiriente, busca sacarlo a Jesús del camino. En este trabajar sobre nosotros quiere oscurecer la memoria agradecida haciéndonos olvidar las gracias que hemos recibido en el pasado y entonces, cuando es así, quedamos a la deriva de la tentación, nos hace olvidar los afectos, las alegrías, la paz que han sido confirmatorios de la presencia de Dios en nuestra vida y viene con un espíritu ansioso para ir hacia delante sin rumbo, sin sentido.

Todo esto, cuando se combina con la duda, se hace una mezcla muy particular, el corazón queda todo como enredado, sin memoria y todo con dudas. Solamente basta una experiencia de Dios fuerte, fundante, para perseverar y sostenerse también en medio de estos embates. Dice Santa Teresa hablando de una experiencia suya donde la esencia del alma ha sido marcada por la presencia del Dios vivo: “No se me olvidará aunque quiera esta gracia recibida”.

Por eso, en medio de las crisis, hay que buscar en la memoria si existió esa experiencia de gracia. Por eso es recomendable, cuando hagamos los ejercicios de Ignacio, llevar nuestro cuaderno y anotar las gracias que vamos recibiendo, porque cuando nos olvidamos, volver sobre ellas es como cuando se nos apaga el fuego y al hacerle un poquito de viento y comienza a arder de nuevo, vuelve a recuperar el alma su fuerza. Es que Dios no se muda, dice Santa Teresa, Dios permanece, Dios queda, Dios es fiel.

Ernesto Sábato, en otro contexto, decía: el hombre sin memoria es una hoja de otoño a la deriva del viento, es como un barco sin rumbo. En el pasado de alguna manera, marcado ya por Dios, están las claves de la brújula que nos conduce hacia el futuro. El mal espíritu lo que busca es enfatizar lo malo en el pasado y minimizar lo bueno, caricaturizar la realidad. Es un payaso, es un embaucador, es un mentiroso y nosotros, al ponerlo al descubierto no hacemos más que, con mucha sencillez, confiando en la bondad de Dios, desarticular sus estrategias para liberarnos y recorrer un nuevo camino. 

Tentación y ansiedad

Se da en la tentación una búsqueda ansiosa de alguien o de algo que nos rescate, solemos decir estamos como a manotazos de ahogado o de locos. Mucha angustia por querer salir de la situación de tentación. Atenta contra la paciencia, busca desestabilizar emocionalmente el tentador. Tenemos la sensación de que ninguna cosa nos ayuda. Todo se lo vive como si se volviera en contra, como si fuera un enemigo de varios rostros, como una legión a veces de acciones contrarias.

El sacerdote chileno Alberto Hurtado, santo, en su experiencia en Europa, cuando está experimentando el llamado a esta obra grande del Hogar de Cristo, dice describiendo lo que pasa por su corazón cuando no se entiende, posiblemente ni el mismo entendiera lo que estaba pasando, “Tengo la sensación que todos los diablos están contra mí”. Esta impresión de que todo está en contra. Pero a veces, yendo por la vida como se tiene que ir nomás, es como si hubieran cambiado la flecha de dirección de la calle sin avisar y de repente todos los autos se vienen de frente, así hace el mal espíritu, viene a veces violenta y multitudinariamente a atentar contra nosotros. Entonces surge el mutismo, el sentir que nada ni nadie nos ayuda, que de aquella no salimos, que estamos hasta las manos, que no vamos a salir adelante.

Por otra parte no muestra el rostro y dice: ni abras la boca, ni grites, te amordaza. Ignacio dice que es como un vano enamorado que busca no decir el secreto, no contar, porque si se entera el dueño de la esposa “cobra”. Entonces hace así con nosotros y nos invita al silencio porque si denunciamos su estrategia y su mala intención quedaremos al descubierto.

Con el solo hecho de abrir la boca, de gritar, de contar, de decir la tentación o con el consejo bueno de una persona que discierne, basta para desarmar y desvanecer lo que aparentemente era algo tremendo. Es como cuando en esas tormentas de verano de repente en el medio de todos los rayos, el viento, el sacudón de la naturaleza, comienza a soplar una brisa suave, sale el sol y de repente todo se fue. Así el buen espíritu, con su suavidad, con su presencia, va limpiando las nubes que atentan contra nosotros.

Las crisis, muchas veces profundas, se solucionan si uno cuenta, habla y se deja ayudar. En otras basta una pequeña crisis pero cerrada y enmudecida, sin abrir el corazón, para que comience la debacle de la vida. La tentación es progresiva en el deterioro y homicida en la intención. No empieza fuertemente, empieza levemente y se hace fuerte. Ignacio dice que hay que frenar su acción apenas comienza y uno detectar a donde va su intención.

La tentación se vence enfrentándola desde el inicio sino es como una bola de nieve que comienza chiquito y después se agranda. Los monjes medievales tenían esta expresión que dice que a los enemigos es mejor matarlos de recién nacidos, antes de que crezcan. Hablamos de enemigos espíritus, no de personas, sino de los malos pensamientos, las malas inclinaciones, Las personas, en la vida espiritual crecemos si conocemos las tentaciones y las vamos venciendo apenas aparecen, apenas nacen. Muchas veces, a partir de una falsa razón inicial, como una primera y sutil trampa se llega a la conclusión falsa que todo lo debilita a partir de prejuicios, de espíritu de sospecha, de mirar de reojo, de no creer lo que el otro dice. No olvidemos que el mal espíritu es homicida, va argumentando en argumentos iniciales con una razón pequeña pero termina aniquilando las elecciones de estados de vida.

Luchar contra la desolación

Ignacio pone primero, ante la desolación, la paciencia. Ni si quiera tener paciencia, sino estar en paciencia, que implica un estado. El desolado siente la ausencia de Dios que aparentemente se nos durmió en la barca o no nos escucha, por lo que estar en paciencia es importante. Después la humildad como arma, la tierra desconocida por el mal espíritu que es sobervio. Cuando frente a las dificultades, las desolaciones o pruebas, nos ponemos en autosufiencientes u orgullosos, entramos en el terreno de la sobervia donde el mal es más fuerte que nosotros.

La humildad se manifiesta en dos gestos. Primero en rezar: el humilde reza, en cambio el soberbio no reza porque supuestamente no necesita nada. Cuando uno está desolado, Ignacio recomienda rezar un poquito más, y “no sólo para resistir sino para vencer”. Uno ofrece esos 5 minutos de más, que parecen eternos, como ofrenda.

La segunda cosa en la que se manifiesta la humildad es el pedir ayuda. Ignacio dice que el mal espíritu busca silenciarnos, pasar encubierto, e intenta que el tentado no hable con aquellos que lo pueden ayudar.  Ignacio tiene una regla de oro: en tiempos de desolación nunca hacer mudanza. Implica no cambiar los propósitos, sobretodos los grandes, los de estados de vida, decisiones tomadas. Y por otro lado, Ignacio recomienda mudarse mucho contra la tentación. Por ejemplo, si cuando estoy desolado tiendo a tirarme y no rezar, hacer lo contrario, rezo más; si me encierra en mi cuarto, entonces salir y encontrarme con la gente.

Además también hacer de mis tentaciones materia de oración, contarle al Señor lo que estamos viviendo y lo que nos está pasando.

También ayuda el recurso de la memoria. Cuando uno está tentado o desolado, sea cual sea la materia, por un lado golpea la unidad y por el otro la baja de energía y la separatividad, hay como un tironeo interior hacia ambos lados, es la señal inequívoca de nuestro libre albedrío. Elegir en consciencia es siempre elegir la voz del alma.



Namaste