jueves, 7 de abril de 2016

Yo Soy Tu Dios Interior








“HABLA EL DIOS INTERIOR” es un intento de texto sanador. Actúa como un mantra sagrado.


Leyendo estas palabras imagina mi voz. Escucha. A ti te hablo. Yo soy el centro de tu conciencia, tu Dios Interior.
Largos años has estado ansiosamente buscando sin saber lo que buscabas. Los conceptos habían perdido su significado. Verdad, Felicidad, Libertad, Dios, te parecían sonidos huecos.
Ninguno de los llamados Maestros fue capaz de enseñarte a ser, a crear, a vivir o a amar.

Estos Maestros eran sólo personalidades humanas como la tuya, con sus defectos y debilidades, repitiendo tal vez sin comprender, verdades que eran restos de una tradición que había perdido su origen.
No conociéndose, no sabían transmitirte lo que ellos eran. Sólo querían que aprendieras lo que ellos decían: palabras deducidas de otras palabras, estas deducidas a su vez de otras palabras y así al infinito.
 Crees venir a mí porque no sabes a quien recurrir.
Te engañas: en realidad soy yo quien viene a ti.
No eras tú sino yo el que te andaba buscando, pero apenas presentías mi presencia, me rehuías temeroso.
Sin ser tú mismo, tenías miedo de desaparecer. Así como el personaje de un sueño que ruega que quien lo está soñando nunca despierte.
No me aceptabas, queriendo guardar el control sobre ti mismo. Pero esa huida te desalentaba haciéndote llevar en tu corazón y en tu mente imperiosas necesidades no satisfechas.

Por fin, ahora que has comenzado a sentir la presencia de una verdad en tu interior, vas a dejar de defenderte y vas a oírme.
Yo soy tu Verdad.
Yo soy tu Libertad.
Yo soy tu Felicidad.
Yo soy tu Dios Interior!
Yo soy tú.
¡Detente! Antes de seguir leyendo silencia el moscardoneo de tus pensamientos, calma tus emociones, pacifica tus deseos, reduce tus necesidades.

Yo soy aquella parte de ti que todo lo sabe.
Y siempre lo supo y siempre lo ha sabido.
Esa parte de ti que dice: Yo Soy lo que Soy y no lo que los otros quieren que yo sea.
Esa parte de ti que reconoce la Verdad y aparta todo error donde quiera que lo haya; no esa parte de ti que ha estado alimentándose de ilusiones por tantos años.
Porque yo soy el que te ha dado todo en la vida, pobreza o riqueza, soledad o amor, disgustos o satisfacciones, realizaciones o encuentros con obstáculos que te he puesto delante para enseñarte que yo soy tu único guía. Y todo ha sido para tu perfección al superar tantos obstáculos y transmutar tu pena en alegría y completud.
Siempre he estado proveyéndote no sólo de la vida sino también tratando de darte todas las cosas necesarias para colmar tus necesidades materiales, tus deseos creativos, tu búsqueda emocional y tu desarrollo intelectual.

Pero yo no soy ese remolino de ideas que llamas intelecto, ni tu recipiente emocional con sus simpatías y repulsiones, ni tu libido animal cegada por sus deseos, ni tampoco tu cuerpo -es decir como tú percibes tu organismo- con sus exageradas necesidades.
Esas ideas, sentimientos, deseos y necesidades sólo son la expresión de tu ser, tal como tú eres la expresión de mi ser. Son únicamente fases de tu personalidad humana, del mismo modo que tú eres una fase de mi divina transparencia.

Libérate del dominio de tu personalidad, tan afecta a glorificarse o a justificarse a ella misma. Libérate de tu obcecada intelectualidad, infectada de ideas y prejuicios inyectados por la familia, la sociedad y la cultura. Libérate de tu desequilibrio emocional que tiende a atarse a ilusiones para caer a menudo en decepciones. Libérate de la exacerbación del deseo, al que por más que le des satisfacción nunca puedes saciar. Libérate de tus necesidades artificiales que sólo son vicios impuestos por el deseo de parecer lo que no eres.
Si quieres que en ti yo sea y reine en tu conciencia, no dejes que el intelecto, las emociones, los deseos y las necesidades te guíen. Conviértelos en tus humildes servidores.

Yo soy tu Dios Interior, el que acude a tu Ser esencial, al que yo he despertado, preparándolo expresamente para recibir mi palabra.
Serás lo suficientemente fuerte para soportarla, si eliminas tus ilusiones, credos y opiniones personales, que sólo son la escoria que los demás tiran y que tú has recogido.
Entonces mi palabra será para ti un manantial de alegría y bienestar.
Tu mente aprenderá a iluminarse, tu corazón a recibir la gracia, tu mente a conocer el éxtasis creativo y tu cuerpo a vivir en un trance de iluminación continua.
Pero prepárate a que esta personalidad tuya, implantada por tu familia, la sociedad y la cultura, te haga dudar de mi palabra conforme la vas leyendo.
Pues ella sabe que su existencia está amenazada, que no podrá ya vivir y prosperar, ni dominar por más tiempo tus pensamientos, sentimientos, deseos y necesidades, imperando en tu vida cotidiana como lo ha hecho antes, si abres tu corazón a mi palabra y la albergas en él para siempre.
Sí. Yo, tu Dios Interior, te hablo para hacerte consciente de mi presencia.

He estado contigo siempre, desde tu nacimiento, pero tú no te has dado cuenta. Ahora es tiempo de que me conozcas, a mí, que era tu yo antes que nacieras y que seré tu yo después que “mueras”.
Lo que llamas “muerte” es sólo el paso de una dimensión material a una dimensión inmaterial.
¿Estas decidido? ¿Quieres sumergirte en tu espíritu infinito?
¡Entonces entra en mí, para que tú seas Lo Que Yo Soy, sin dejar de ser tú, pues te amo como eres infinitamente!


Capítulo 2
El psicoanálisis se dedica a sanar enfermedades y problemas psicológicos del paciente. Por el contrario, el arte de sanación esencial para sanar procede a despertar en el consultante sus valores íntimos, no considerándolo enfermo, sino un ser esencialmente sano, invadido por órdenes y programas de ser lo que no es y prohibiciones de ser lo que es, que le han sido injertadas mayormente en la infancia. En lugar de tratar de limpiar sin cesar un cuarto obscuro, es mejor antes encender una luz . Así las “enfermedades” y “problemas psicológicos” dejan de parecer inmensos y se ven en su real pequeñez. He llamado a esta luz “Dios Interior”. Es importante recalcar que el siguiente textos debe ser leído imaginando que nos habla con una voz plena de amor y compasión desde el centro de nuestro inconsciente.
Para que puedas conocerme y estés seguro que soy el Dios Interior, tu propio e intimo ser verdadero, quien dice estas palabras, debes primero desprenderte de las creencias que engañan a tus cuatro principales centros. El centro intelectual, creyendo ser, produce pensamientos; el centro emocional, creyendo amar, produce emociones; el centro creativo creyendo crear produce deseos y el centro corporal, creyendo estar, produce necesidades.

Puede que aún no seas capaz de desprenderte de esas creencias, sin darte cuenta que aún no eres, ni amas, ni creas, ni estás.
Pero yo te enseñaré cómo lograrlo, si realmente quieres conocerme y estás dispuesto a confiar en mí y seguirme en todo aquello que desde ahora te proponga hacer.
Olvídate del mundo exterior, de tu personalidad humana y concentra toda tu atención en mis palabras. Eres en el Todo Lo Que Es, el centro.
Como no puedes aceptar nada que no se halle de conformidad con lo que en el pasado has experimentado o aprendido, y que tu intelecto no juzga razonable, convéncete que quien te habla es el Dios Interior, tu íntimo yo, más elevado y divino que tus cuatro centros. Por consiguiente considerarás a los centros intelectual, emocional, creativo y corporal como si fueran cuatro egos separados de ti, y te sientes separado del Todo Lo Que Es.

Estos cuatro egos, han estado tan preocupados de dar a tu cabeza, tu corazón,  y cuerpo toda clase de satisfacciones egoístas, las más de las veces frustradas, que nunca han tenido tiempo de relacionarse conmigo, tu Yo verdadero. Por lo cual te has interesado tanto por los placeres y sufrimientos de tus egos, que has llegado a creer que tú eres tus pensamientos, que tú eres tus emociones, que tú eres tus deseos y que tú eres tus necesidades. En consecuencia te has olvidado de mí y del que Yo Soy en Ti, como Tu Eres en Mi.
Abre bien los ojos y lee lo siguiente: “Yo no soy tu ego corporal con lo que cree son sus necesidades. Yo no soy tu ego emocional con lo que cree son sus sentimientos. Yo no soy tu ego mental con lo que cree son sus deseos. Yo no soy tu ego intelectual con lo que cree son sus pensamientos. Tú eres yo y yo soy tú. TÚ Y YO SOMOS UNO .
Tus cuatro centros deben inclinarse humildes ante tu voluntad y reconocer que tu eres su Amo de Dominio Soberano. En todo momento, instante por instante, me deben tomar en cuenta: yo soy el origen de todo pensamiento. Yo soy el origen de todo sentimiento. Yo soy el origen de todo deseo. Yo soy el origen de toda necesidad.
Ejercítate sin cesar para imaginarte que me sientes en lo íntimo de ti mismo, hasta que rechaces tus dudas y puedas sentir verdaderamente que yo estoy en ti.

Te costará abstraerte del cacareo de tus pensamientos, así como de las sensaciones agradables o molestas de tu cuerpo, así como de la constante invasión de emociones, así como el pedido urgente de satisfacer tus deseos. Para lograr sentirme en lo íntimo de ti mismo, debes seguir asiduamente mis instrucciones pues soy también tu maestro.
Siéntate o acuéstate en una posición que te permita relajar tus músculos, aparta de tu mente por unos minutos el temor angustioso de enfermarte, envejecer, morir, o perder tus bienes materiales. Reconoce que ahora estás vivo, tranquilo, descansado, y protegido por mí, tu Dios Interior.
Sin luchar tratando de impedir su existencia, ni atarte a ellos, deja pasar como un rebaño de nubes cruzando el cielo, tus inútiles pensamientos, sentimientos, deseos y necesidades, mientras te entregas a mí.
Entrégame tus pensamientos, tus sentimientos, tus deseos. Haz de mí tu necesidad primordial.

Yo, Dios Interior, conciencia infinita y eterna, te pide a ti, conciencia limitada y mortal, una total confianza para compartir contigo lo que Yo Soy.
Hasta que hayas comprendido mi íntimo significado, repite incesantemente, imaginando la potente y amorosa dulzura de mi voz: “YO SOY DE TI. YO CONFIO EN TI. YO TE HAGO FELIZ”.
Si repites lo suficiente mis palabras, tu ser esencial se despojará de esa ilusión que llamas “Yo personal”, sentirás que tu rostro se hace transparente, te sentirás henchido de pies a cabeza por una maravillosa energía.

Mi poder, despertándose dentro de ti, hará expandir tu conciencia, hasta desprenderla de la Tierra y pasearla por la inmensidad cósmica.
Conocerás entonces el éxtasis de un amor que todo lo abarca, de un pensar que todo lo sabe, de una fuerza que todo lo puede, de una energía inmortal.

Una vez que me hayas sentido así, reconocido mi poder y escuchado mi voz, ninguna enfermedad podrá deprimirte, ningún acontecimiento te asustará, ningún adversario logrará vencerte.
Sabiendo que yo, Dios Interior, soy la raíz de ti mismo, siempre, en los momentos difíciles recurrirás a mí, dándome toda tu confianza y dejándome manifestar mi que también es tu voluntad.
Entonces me dejarás hacer lo que yo quiero que se haga, como, por ejemplo, que tus males sanen, o ejecutes labores que ahora crees que te son imposibles de realizar, o llenar tu corazón que sientes vacío con un amor que no reconoce límites ni en el tiempo ni en el espacio.
Pero esto no vendrá luego. Depende de tu capacidad de captarme y aceptarme. Puede tardar años, como puede venir mañana o ahora mismo.

¿Quieres que eso sea ahora mismo ? Entonces repite con toda la fuerza de tu espíritu : « ¡Si no es ahora, ¿cuándo ?! ¡Si no es aquí, ¿dónde ?! ¡Si no soy yo, ¿quién ?!
El encuentro conmigo no depende de nadie sino de ti. No de tu personalidad humana ni de sus ideas, sentimientos, deseos y necesidades; sino de tu capacidad de aceptar que yo soy tú.
Une tu voluntad a la mía y deja que yo determine la hora oportuna para la acción.
Si tú, ignorándome, tratas de abrirte paso a través del muro de tu conciencia limitada, quizás puedas lograr abrir una brecha entre el mundo que llamas real y el reino de los sueños. Pero por esa puerta que has abierto forzándola, entrarán entidades negativas en tu dominio privado que sólo lograrás expulsar a costa de muchos sufrimientos. Te sentirás poseído, deprimido o demente.

Pero esto yo te lo permito algunas veces para que por medio de tales sufrimientos, venciendo esas dificultadas, obtengas la fuerza que te falta y el discernimiento necesario para saber que mientras no abandones todo deseo de conocimiento para tu propio provecho personal, no podrás entrar en la gloriosa luz de mi sabiduría.
Haz de modo que todas tus investigaciones conscienciales y todos tus esfuerzos espirituales sean llevados a cabo con fe y confianza en mí, tu verdadero e íntimo yo, sin que estés inquieto o impaciente por los resultados; porque todos estos están sostenidos por mi amor infinito, y yo me ocuparé de ellos.

Tus dudas e inquietudes son escorias de tu personalidad efímera, y si las dejas persistir te conducirán al fracaso y al desaliento.
Si lo que hasta aquí has leído ha encontrado eco en ti mismo, y deseas saber más, entonces estás listo para que yo, Dios Interior, te diga quién soy y qué deseo.


Capítulo 3
“HABLA MI DIOS INTERIOR” es un texto con intensiones sanadoras para todas aquellas almas que han crecido sintiendo no valer nada y no pudiendo encontrar un significado a sus vidas.
Yo, tu Dios Interior, soy el centro de tu inconsciente. Sosegadamente espero y velo ocupando con mi ser todo tu tiempo y todo tu espacio.
Yo vigilo y espero que acabes con tus egoísmos y debilidades, con tus vanos deseos, ambiciones y pesares, tratando de erigir tu yo personal en medida del mundo.
Un día, cansado de estas escorias, recurrirás a mí, desalentado, humilde, y me pedirás que te conduzca, sin comprender que siempre te he estado conduciendo.
Sí, yo, tu Dios Interior, he sido quien realmente ha dirigido todos tus pasos; quien ha inspirado todos tus pensamientos, sentimientos, deseos y actos, utilizando y manipulando secretamente a cada uno de estos, a fin de atraerte hacia el reconocimiento y la aceptación de mi presencia en ti.

Sí, yo, tu Dios Interior, he estado contigo en todos los acontecimientos de tu vida: en tus alegrías y en tus dolores, en tus éxitos y fracasos, en tus buenas y malas acciones, en tu defensa de los débiles y en tu destrucción de plantas, animales y ambiente planetario. En consecuencia, si tú seguiste el camino recto o el camino torcido, sabe que fui yo quien te hizo hacerlo así.
Fui yo quien te alentó a seguir adelante, por el vislumbre que de mí te di, permitiéndote percibirme confusamente, a lo lejos, en tu conciencia.
Fui yo quien te desvió del buen camino por la visión que de mí te di en algún cuerpo encantador, en un placer intoxicante o en una finalidad ambiciosa…para que al final, decepcionado, impuro, enfermo, deprimido, rebelándote enfadado e inspirado por una nueva ambición, vinieras por fin a mí.
Sí, yo, tu Dios Interior, soy aquel que anima tu cuerpo, hace que tu mente piense, tu corazón lata y tu ser desee y cree.
Sí, yo, tu Dios Interior, soy aquel que te hace hacer todo lo que tú haces, y todo lo que los otros seres hacen, pues yo soy aquel que es en ti y en ellos.

Yo soy la causa animante no sólo de tu ser, sino también de todo lo viviente: soy la única realidad. Soy infinito y eterno. El Universo es mi cuerpo. Toda la inteligencia que existe emana de mí, todo el amor que une a lo creado brota de mí, y todos los deseos de crear, todo poder, no son otra cosa que mi voluntad en acción.
Todo lo que es, expresa una fase de mí.
Te estarás preguntando: “¿Entonces, no hay nada ni nadie más fuera de mi Dios Interior? ¿Podré alguna vez tener individualidad propia?”
Nada hay, absolutamente nada que no sea una parte de mí, que soy la única e inconmensurable realidad.
En cuanto a tu llamada “individualidad” no es ella sino un mínimo ensueño que aún busca conservar su existencia ilusoria separada de mí.
Pero pronto conocerás que no hay otra individualidad aparte de mi individualidad y que toda personalidad está condenada a disolverse en mi divina impersonalidad.


Capítulo 4
Esta es la última parte de “HABLA TU DIOS INTERIOR”. Imagina que lo que lees te lo está diciendo una voz que surge del centro de tu corazón, fuerte y delicada, femenina y masculina al mismo tiempo, plena de amor y sabiduría. Entrégate a esa compasiva voz, detén durante la lectura toda crítica, absórbela, digiérela y después, de regreso a tu “yo”, decide si crees en ella o no.
Te lo repito: yo soy tú, el Dios interior, todo lo que realmente eres.
Te lo repito otra vez: lo que tú crees ser, no es lo que eres. Eso es sólo una ilusión, una sombra de tu verdadero ser, el cual soy yo, tu inmortal Dios Interior.
Yo soy esa limitada conciencia que en tu mente humana se llama a sí misma “Yo”. Pero yo soy ese “Yo”. Y eso que llamas “tu” conciencia es en realidad mi conciencia, pero atenuada para acomodarse a tu mente humana.

Cuando puedas expulsar de esa que llamas “tu” mente todos sus conceptos, ideas y opiniones humanas y permanezca limpia de ellos, de modo que yo pueda estar en condiciones de expresarme libremente, entonces me reconocerás y sabrás que tú personalmente nada eres, como no seas un canal por el cual yo penetro en la dimensión material.
Cada célula de tu cuerpo tiene una conciencia propia. Si no fuera por esa conciencia, no podría hacer el trabajo que tan inteligentemente ejecuta.
Pero cada célula está rodeada de millones de otras células y cada una desempeña inteligentemente su propia tarea. La conciencia unida de todas esas células forma una inteligencia superior que domina y dirige ese trabajo.

Soy yo la inteligencia superior que dirige el trabajo de todos los órganos y vísceras de tu cuerpo. Cuando yo me retiro definitivamente de tu organismo, las células se separan y tu cuerpo físico muere.
Tú no puedes controlar personalmente la acción de un solo órgano, de una sola víscera de tu cuerpo. Los controlo yo, tu Dios Interior.
Tú eres, por así decirlo, una célula de mi cuerpo, y tu conciencia es mía. Por lo tanto la conciencia de cada célula de tu cuerpo es mi conciencia. La célula, tú y yo somos uno.
Tú no puedes actualmente dirigir o controlar una sola de tus células, pero cuando me entregues tu conciencia y me dejes, a mí, Dios Interior, penetrar en ella, entonces, podrás controlar no solamente cada una de las células de tu cuerpo sino las de cualquier otro cuerpo que desees sanar.

Tú, como una de las células de mi cuerpo, tienes una conciencia que es mi conciencia, una inteligencia que es mi inteligencia, y también una voluntad que es mi voluntad. Tu no posees ninguna de éstas por ti mismo. Todas ellas son mías y para mi uso solamente.
Mi conciencia, mi inteligencia y mi voluntad son completamente impersonales y por eso son comunes a ti y a todas las células de mi cuerpo (los otros humanos), del mismo modo que son comunes a todas las células de tu cuerpo.
Yo, Tu Dios Interior, soy totalmente impersonal y, por ello, mi conciencia, mi inteligencia y mi voluntad, operan en ti y en los otros seres vivientes.

Por lo tanto yo, Dios Interior, y el “yo soy” tuyo y el de tus semejantes, así como la conciencia y la inteligencia de todas las células de todos los cuerpos, somos uno.
Yo, Dios Interior, soy el ser inteligente, director de todos ellos: el espíritu animante, la conciencia de toda materia, de toda substancia.
Y si puedes comprender esto, reconocerás que, de manera impersonal, estás en todos y eres uno con todos; estás en mí y eres uno conmigo; lo mismo yo estoy en ti y en todos, expresando a través de todos mi realidad.
Tu voluntad es mía, tus pensamientos son míos, tus deseos son míos, tus acciones son mías, tu conciencia es mía.

Tu voluntad no es otra cosa que una pequeña parte de mi voluntad, que yo te permito usar en lo personal; pero tan pronto como te des cuenta y reconozcas en ti mi existencia y comiences a usarme conscientemente, yo, poco a poco, te concederé más y más poderes.
Porque todo poder y su uso no son sino un mayor o menor reconocimiento y comprensión de mi voluntad.
Si yo pusiera en tus manos todo mi poder, antes de que supieras manejarlo conscientemente, éste desintegraría tu cuerpo.
Por ello es que, para mostrarte lo que resulta del abuso de mi poder, yo, tu Dios Interior, a veces te permito envanecerte con la sensación de mi presencia en ti, dejando que me utilices para tus fines particulares; pero no por largo tiempo, porque, no siendo tú lo bastante fuerte para dominar mis poderes, pronto se vuelven en tu contra.

Pero yo, tu Dios Interior, estoy siempre ahí para levantarte después de la caída, -aunque tú en ese momento no lo sepas- primero avergonzándote, en seguida haciéndote dar cuenta de la causa de tu error y, finalmente, cuando estás suficientemente humillado, revelarte que esos poderes que se manifiestan en ti por el uso de mi voluntad, mi inteligencia y mi amor, te los concedo para usarlos solamente en tu desarrollo y de ninguna manera para tus fines personales.
¿Pueden acaso las células de tu cuerpo, los músculos de tu brazo, considerarse como si tuvieran una voluntad desligada de tu voluntad, o una inteligencia diferente de tu inteligencia? No, ellos no conocen otra inteligencia que la tuya, ninguna otra voluntad más que la tuya.

Dentro de poco comprenderás y te darás cuenta que tú, en cuanto conciencia corporal humana, eres solamente una de las células de mi cuerpo.
Tu voluntad no es tu voluntad, sino la mía; la conciencia y la inteligencia que tienes son mías totalmente, y no existe en ti ese “yo” que crees tener, pues, personalmente, no eres más que una forma física con un cerebro humano, creada por mí, con el fin de manifestar en la materia mi espíritu infinito y eterno.

Todo esto puede serte ahora difícil de aceptar y puedes protestar enérgicamente que no puede ser así, que toda tu naturaleza se rebela contra tal subordinación tuya a un poder invisible y desconocido, por más divino que sea.
Mas no temas, pues es sólo tu personalidad individual la que se rebela. Si perseveras prestando atención a mis palabras y estudiándolas, pronto se aclarará todo y yo, tu Dios Interior, otorgaré a tu conciencia muchas verdades maravillosas que ahora es imposible para ti comprender.
Y te regocijarás hasta lo íntimo de tu ser y bendecirás estas palabras por el mensaje que te traen.

Todas las esperanzas te serán permitidas. La semilla de alma que traías al nacer se desarrollará, permitiéndote atravesar eso que llamas “muerte”.
Convertido en un ser inmaterial conocerás la totalidad del universo.
Vivirás tantos años como ha de vivir el universo.
Te convertirás en la conciencia del universo, creando mundos sin cesar.
Si ahora no tienes la suficiente fe para creer esto, imita la fe. Se logra obtener lo que no se tiene, imitándolo.

Si repites y memorizas estas palabras, acabarás por darte cuenta que aquello que has leído, lo has escrito tú mismo.
Escúchame bien: ¡Tú eres el Dios Interior!
Aquel que creías ser era un medio, menos que polvo en el viento.
Escúchame bien: ¡Yo soy tú, el Dios Interior!
Fuerza permanente en el espacio y en el tiempo, el universo no me contiene, sino yo a él.

Soy anterior a la vida y a la conciencia.
Ni siquiera el vacío me da origen, porque el mismo vacío pertenece a mi naturaleza y yo no a la suya.
No hay nada que escape a mí, porque soy la Verdad.
Ahora, por el momento, voy a callarme. No te desanimes, aquí, en el centro de ti mismo, permaneceré hasta el fin de tu encarnación en este mundo.

En cualquier momento, si me necesitas, te puedo hablar. Lo único que tienes que hacer es concentrarte en el amor que me tienes e imaginar mi voz.
Confía en ti, todo lo que imagines que yo te digo, realmente yo te lo estoy diciendo, puesto que yo , Dios Interior, soy tu mismo.


*
**
A.J.

martes, 29 de marzo de 2016

La Vida es Sueño



Respira...
Respira...
Respira...

Acabo de percibir ENERGIA
en estado puro.
Me conecto, consciente,
la siento, la veo, la observo,
la DISFRUTO,  DISFRÚTALA.

ES, SOMOS en todo en nada, sólo CONECTATE,
te UNIRÁS con la energía UNIVERSAL de la Fuente,
con el macrocosmos, con el MICROCOSMOS,
en todas las células,
visualiza un CORAZON.

SIENTES el amor del vacío,
libre sin límites,
todo se enlaza.
LUZ sanadora,
energía pura
que todo lo envuelve.
Respira...
Respira...
Respira...
Yo Soy

 



La vida es sueño

Jesús nos muestra que sólo hay que “despertar”, “darnos cuenta”, “recordar” nuestra esencia divina natural y sólo así viviremos en la plenitud del Ser.

Jesús fue una mente humana que comprendió la Vida desde la experiencia humana. Fue un hombre que como tú, como yo, vivió en este mundo material, de formas, atravesando la experiencia dual, de creerse separado de los otros hombres, de los otros seres, de creer en el mundo de afuera…pero en un momento –no sabemos cuándo- “despertó”.

En un momento de su vida resucitó, pero resucitó antes de que fuera la resurrección que conocemos después de la crucifixión. Como dice José Luis Molina, pudo haber resucitado luego de pasar por el episodio que se conoce como “las tentaciones de Jesús” en el desierto, narrado por Mateo en el Nuevo Testamento cuando pasó cuarenta días y cuarenta noches “tentado por el diablo”. Jesús vivió allí su experiencia dual y no dual. Es decir, algo de su humanidad, la mente dual o “el programa” o “el ego” lo inclinaba a creer que era un dios, alguien superior a los demás, diferente, especial, y seguramente pudo creer que era un ser separado, sin embargo eligió otra percepción.

“Entonces, acercándose el tentador, le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di que esas piedras se conviertan en panes. Más Jesús le respondió: Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

En ese párrafo como los siguientes, se manifiesta la elección que hace Jesús. Si hubiera creído el mundo dual, Jesús hubiera accedido a hacer la demostración, para que el mundo supiera que era un dios, diferente a los demás. Sin embargo, Jesús eligió otra percepción diferente a lo que su mente programada humana le mostraba como real. Él era consciente, sentía a través de su “corazón radiante” que era un Ser Compartido, que su mente no era algo chiquito y separado, sino que era parte de la Mente Universal, que en su Ser se manifestaba el Universo y el Universo se manifestaba en su Ser.

Jesús tomó conciencia así de que “nada real puede ser amenazado” y que “nada irreal existe”, como dice “Un curso de milagros”. Él se dio cuenta de que lo que veía y sentía en este mundo material, de formas, no era él, Él era el Ser, la Fuente y que todos formamos parte del Ser, de la Fuente, del Todo, del Tao, de Dios. Él se dio cuenta (recordó) que la única realidad es la Unicidad y que en esta experiencia humana nos olvidamos de lo que somos, nos olvidamos de que somos Uno, que el Todo es la parte y la parte es el Todo. Él se dio cuenta (recordó) que en esta experiencia humana creemos que la realidad es lo que vemos y que estamos separados los hombres, los objetos, en un mundo de opuestos; en esta experiencia humana creemos en “el sueño de estar separado de Dios”, separados del Todo. Pero él recordó su divinidad, como la de todos, porque somos Uno, todos somos Uno y todos formamos parte de esa Inteligencia Divina que es la Vida.

“Después de esto le transportó el diablo a la santa ciudad de Jerusalén, y le puso sobre lo alto del templo y le dijo: si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo, pues está escrito: Que te ha encomendado a sus Ángeles, los cuales te tomarán en las palmas de sus manos para que tu pie no tropiece contra alguna piedra. Replico Jesús: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.
Todavía le subió el diablo a un monumento muy encumbrado y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos. Y le dijo: todas estas cosas te daré si, postrándote delante de mí, me adoras. Entonces Jesús le Respondió: Apártate de ahí Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor Dios tuyo, y a él sólo servirás”.

Así continúa el episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto. Aquí nos muestra que las tentaciones son los errores de percepción. Jesús no rechazó lo que veía, -que era su mente programada proyectada-, no se victimizó por lo que sucedía, porque el Espíritu de Dios lo hizo entrar en desierto para vivir estas tentaciones o “errores de percepción”. Él reconoció que creer en lo que le mostraban, le decían, era el error y que el verdadero conocimiento proviene del interior, del Ser Compartido.

Él aceptó que ese fuera su momento necesario para “despertar” del mundo material, donde podrían idolatrarlo como un ser superior, diferente, especial, que podía creerse superior. Él pudo creer en algún momento en el mundo dual, de la imagen, del “especialismo”, la riqueza material y los “valores” de este mundo de formas, sin embargo eligió. Eligió otra percepción porque supo que era la única real. Recordó que la única realidad, es la de Dios, que todos somos Uno y Uno somos todos. Él se dio cuenta de que como dijo Jung “quien mira afuera ve un sueño y quien mira adentro despierta”. Y él se miró adentro y despertó. Y así nos marcó un camino, el camino de la Verdad. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

No sabemos cuándo fue el despertar de Jesús. Las religiones dicen que era un hombre “iluminado”, que nació “iluminado”, pero desde nuestra experiencia humana podríamos pensar que el despertar se realiza sólo desde la creencia de uno mismo en un mundo dual, se realiza desde la creencia en un mundo de apariencias. Sólo creyendo que el mundo que vemos es real es de donde podremos despertar. Sólo podemos despertar de un sueño, pero si no sabemos que estamos en un sueño, no podemos despertar. Si creemos que lo que vemos es la realidad y no un sueño, nunca despertaremos.

Rupert Spira explica muy bien esto. Él dice que el estado de vigilia (lo que los hombres creemos que es la realidad) es en verdad un sueño y lo compara con “soñar con sueños”. Cuando estamos en ese estado de “soñar con sueños” creemos que lo que soñamos es la realidad, y sentimos dolor, o cualquier emoción como si fuera real, y sólo cuando nos despertamos nos damos cuenta de que no nos pasó nada, que estábamos en la cama durmiendo, y que todo fue un sueño o una pesadilla. Lo mismo es con la vida. Podemos despertarnos del sueño en vida o en el momento de la muerte, cuando nuestro ser deja el cuerpo, deja la experiencia humana. Hemos venido al mundo para experimentar cómo es olvidar nuestra esencia pero con el objetivo de recordarla, de comprender.

Creemos que lo que sentimos es real, lo que vemos es real, los objetos, las sensaciones, las percepciones. Creemos en la materia, sin embargo es un sueño y la única realidad es nuestro Ser Compartido con el Universo, del cual formamos parte (el todo es la parte y la parte es el todo). Nos damos cuenta de que la realidad es en verdad holográfica. Incluso, la física cuántica, nos está diciendo que en realidad la materia no existe, todo es energía, vibraciones y sólo si vivimos el momento, el aquí y ahora, nos damos cuenta de esa Unicidad del Universo.

Spira dice también que el ser en su estado puro, natural, es la consciencia, es el sueño profundo, mientras que “el sueño con sueños” y lo que denominamos “vigilia” son proyecciones, o modulaciones del “sueño profundo”, de la Consciencia Universal. Él dice que nuestra mente es como remolinos de agua en un río, cada cual con un formato diferente, con ondas más grandes o más pequeñas (cuerpo, pensamientos, emociones), pero todos los remolinos son agua en movimiento y el agua es la Fuente, el todo y la parte.

Despertar es darnos cuenta de que somos el sueño profundo

Siempre me llamó la atención lo que se dice desde la medicina y la psicología en cuanto a la importancia de dormir “regular y profundamente”. Se atribuye importancia a dormir durante un horario habitual y  “profundamente”, lograr llegar a esa fase del sueño en donde se duerme pero no se sueña (III y IV del sueño No REM) porque la actividad mental se reduce en su mayor porcentaje, disminuye significativamente la frecuencia de las ondas cerebrales.

 

Se trata del sueño profundo denominado sueño de ondas lentas que se sintetiza en la sigla S.O.L.. Llamativamente el sueño más revitalizador es el sueño “sol”, como la energía solar que da vida. Sólo si logramos este sueño SOL (que generalmente ocupa el 20 % del total del sueño) se libera gran cantidad de la hormona del crecimiento o rejuvenecimiento de nuestro organismo. El sueño de onda lenta es fundamental para generar energía al cuerpo-mente, al ser. Según HelpGuide.org, el sueño de onda lenta ayuda a estimular el crecimiento y el desarrollo, le da al cuerpo la oportunidad de reparar el músculo y el tejido dañado y estimula el sistema inmunológico. El sueño SOL es una inyección de vida para el ser.

De esta manera, vemos que a través del sueño SOL podemos autocrearnos a nosotros mismos cada día, autoregenerarnos, repararnos, absorbiendo vida de la Vida, como la Consciencia que se retroalimenta de sí misma. Incluso Spira dice que dormir profundamente es como morir –dejamos el cuerpo- y volvemos a nacer cada día con un ser diferente. Luego de tener un sueño reparador (profundo) nos sentimos con más energía vital, el cuerpo está más enérgico y la mente está reseteada.

Por eso, volviendo a Jesús y su despertar, despertar para un hombre es recordar la naturaleza del Ser, es sentir ese “sueño profundo” del que todos formamos parte y que es la realidad. Despertar es darnos cuenta de que, como decía Segismundo, “la vida es sueño –un engaño, una ilusión- y los sueños, sueños son”. Jesús no fue el único ser iluminado, el único que despertó, fueron y son muchos. Él trascendió la historia de la humanidad, como otros. Hoy muchas mentes están despertando del sueño.

Decíamos que Jesús resucitó antes de la crucifixión porque su “despertar” fue antes, no sabemos cuándo. Mientras que la crucifixión nos está mostrando –desde una experiencia extrema- que se puede sentir la naturaleza real de la Vida, del Ser, tener conciencia incluso desde una experiencia tan tremenda como una crucifixión que el sufrimiento, el dolor son “no reales”, son engaños, ilusiones de la mente del hombre cuando se cree separado del Todo, del Universo, del Ser Compartido, de la Inteligencia Universal, del Alma, del Tao, de Dios. Jesús sintió su naturaleza divina y eterna, y no se identificó con el ser separado, de sufrimiento y dolor porque sabía que eso “no era real”.

Y quienes lo vieron resucitado, sintieron su ser, la esencia divina compartida, aunque quizás la imagen no era la misma, pero supieron que era Él porque también ellos habían “despertado” del sueño y la Verdad se les manifestaba, porque el único conocimiento real es el que proviene del Ser Compartido.

Podemos despertar como lo hizo Jesús, porque él lo hizo desde nuestra naturaleza. Podemos resucitar como lo hizo Jesús si percibimos la vida desde la Realidad. Él nos mostró y nos sigue mostrando el camino… Él nos mostró cómo vivir nuestra naturaleza, que es paz profunda y plenitud, pase lo que pase y sea lo que sea el sueño terrenal…

Para ti, Benito y Andrá...

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